Cuando en 1641 el filósofo y matemático francés René Descartes publicó las Meditaciones filosóficas, lo hizo junto con un pequeño opúsculo, anexo a la obra principal, que ha resultado maltratado, corrompido y, finalmente, olvidado por el tiempo y las gentes. Dicho opúsculo se titulaba Matemática conceptual, y en él Descartes aplicaba su archiconocido método matemático-racional a la que podríamos denominar "caza del genio maligno".
Ya por aquella época Descartes jugaba con la idea de un Dios matemático al estilo que, un siglo después, retomaría otro matemático de postín, Laplace. Parte esta idea de una concepción determinista de la realidad, según la cual esta se conforma como una sucesión indeterminada de causas y efectos. Nosotros los humanos solo podemos percibir y predecir una parte ínfima de la totalidad de estos procesos causales, pero Dios, o quienquiera que alcanzara su capacidad, podría reproducir a golpe de vista toda la realidad, comprendiéndola al instante en su naturaleza física, y teniendo acceso, de paso, a todos los efectos que sucederán a todas las causas posibles, de tal modo que su cualidad divina y su conocimiento de todo lo pasado y lo porvenir se basa en tal conocimiento.
Descartes, como después Laplace, buscó con ansia a lo largo de su vida una fórmula matemática que explicara el devenir de la realidad, la que los alquimistas llamaron "La fórmula de Dios".
Esta búsqueda, sin embargo, no fue vista con buenos ojos por la Iglesia, que llamó la atención al filósofo y le amenazó con un proceso por blasfemia. Esto puede explicar, entre otras cosas, que Descartes se retirara a vivir a Holanda, que "La fórmula de Dios" desapareciera para siempre de sus escritos oficiales y que la Matemática conceptual fuera incluida en el catálogo de libros malditos de la Inquisición española y, en general, desapareciera de las bibliotecas y anaqueles europeos con suma celeridad.
En algunas de sus cartas, no obstante, Descartes comenta la posible aparición del genio maligno en "la fórmula de Dios", esto es, la posibilidad de que el propio ser omnisciente fuera víctima de la duda metódica y que un ser superior a él le indujera a error. En una de ellas, fechada en 1649, Descartes habla de una fórmula superior capaz de predecir la aparición del genio maligno. Incluso afirma, en una frase un tanto confusa que la crítica no termina de valorar, haber efectuado predicciones matemáticas a diez años vista desde el momento de la escritura de la carta.
No es de extrañar, por tanto, que Descartes siguiera con sus investigaciones, y que estas, incluso, le llevaran a la muerte, pues el cuadro sintomático observado antes de su fallecimiento, producido en Estocolmo, en 1650, indica un posible envenenamiento por arsénico, y no la neumonía que se recoge como causa oficial.
En cuanto al genio maligno, hay quien cuenta que posiblemente se hizo pasar por criado de la Reina de Suecia para verter el veneno en la copa de Descartes antes de que este pudiera concluir sus estudios y diera a conocer su "fórmula de la predicción eterna".
domingo, 27 de marzo de 2011
lunes, 21 de marzo de 2011
Dragones que caen del cielo
La provincia china de Yunnan vive momentos de gran conmoción desde que la semana pasada comenzaran a caer del cielo cientos de cadáveres de animales que, a todas luces, se corresponden con la figura mitológica del dragón.
"No hay duda al respecto", comenta Li Yun, biólogo que colabora con el equipo de investigación. "Los ejemplares caídos pertenecen a una especie animal que no había sido catalogada anteriormente, y su aspecto concuerda a la perfección con la figura del dragón".
La población no sabe qué pensar. "Esto es muy extraño", nos cuenta un joven, "la semana pasada casi me cae uno en la cabeza. Esto es de locos". El porqué de esta "lluvia de dragones" es, a día de hoy, un misterio. Ciertas fuentes hablan, no obstante, de que las investigaciones promovidas por el gobierno chino comienzan a dar sus frutos, de tal modo que parece confirmarse que los dragones no se lanzan contra el suelo, sino que caen ya muertos del cielo, lo que lleva a preguntarnos: "¿por qué están muriendo los dragones?".
En la mitología china el dragón es un animal sagrado, fuente de paz e inspiración. Habitan en el paraíso, con los dioses, desde tiempos inmemoriales. "Muy mal lo tienen que ver los dragones para haber iniciado este suicidio colectivo", sostiene Yu Huo, Catedrático de Antropología de la Universidad de Yuxi. "Esto ya estaba previsto, existen profecías al respecto. La muerte de los dragones presagia el fin de los tiempos".
En el pueblo llano, pese a todo, las teorías al respecto abundan: cambio climático, rayos gamma, tormentas solares. Hay quien habla de una raza de dragones creada hace ya tanto tiempo que, y estos hechos son la prueba, sus miembros se mueren, sencillamente, de viejos.
Existe la sensación generalizada, en cualquier caso, de que estos habitantes de los cielos ya carecen de las fuerzas necesarias para permanecer ocultos. "Creo que murieron de hambre", nos dice un anciano profesor. "Han preferido morir de hambre antes que venir a comernos a nosotros. Allí en el cielo ya no debe de quedar nada. Es la prueba definitiva de que los dioses se han ido, de que nos abandonaron hace ya bastante tiempo".
"No hay duda al respecto", comenta Li Yun, biólogo que colabora con el equipo de investigación. "Los ejemplares caídos pertenecen a una especie animal que no había sido catalogada anteriormente, y su aspecto concuerda a la perfección con la figura del dragón".
La población no sabe qué pensar. "Esto es muy extraño", nos cuenta un joven, "la semana pasada casi me cae uno en la cabeza. Esto es de locos". El porqué de esta "lluvia de dragones" es, a día de hoy, un misterio. Ciertas fuentes hablan, no obstante, de que las investigaciones promovidas por el gobierno chino comienzan a dar sus frutos, de tal modo que parece confirmarse que los dragones no se lanzan contra el suelo, sino que caen ya muertos del cielo, lo que lleva a preguntarnos: "¿por qué están muriendo los dragones?".
En la mitología china el dragón es un animal sagrado, fuente de paz e inspiración. Habitan en el paraíso, con los dioses, desde tiempos inmemoriales. "Muy mal lo tienen que ver los dragones para haber iniciado este suicidio colectivo", sostiene Yu Huo, Catedrático de Antropología de la Universidad de Yuxi. "Esto ya estaba previsto, existen profecías al respecto. La muerte de los dragones presagia el fin de los tiempos".
En el pueblo llano, pese a todo, las teorías al respecto abundan: cambio climático, rayos gamma, tormentas solares. Hay quien habla de una raza de dragones creada hace ya tanto tiempo que, y estos hechos son la prueba, sus miembros se mueren, sencillamente, de viejos.
Existe la sensación generalizada, en cualquier caso, de que estos habitantes de los cielos ya carecen de las fuerzas necesarias para permanecer ocultos. "Creo que murieron de hambre", nos dice un anciano profesor. "Han preferido morir de hambre antes que venir a comernos a nosotros. Allí en el cielo ya no debe de quedar nada. Es la prueba definitiva de que los dioses se han ido, de que nos abandonaron hace ya bastante tiempo".
sábado, 12 de marzo de 2011
Todo es mentira
El orador subió al estrado y atrajo, inmediatamente, la atención de los presentes. Tras unos segundos de silencio se aclaró la voz y comenzó su discurso:
- No hagáis caso a nada de lo que os digan -explicaba. - Todos os quieren engañar, todos desean sacar provecho y beneficio de la candidez y la buena voluntad de los otros. Desconfiad, procurad comprobar a través de vuestra propia experiencia toda idea que pretendáis sostener. Y, si es necesario, desconfiad de vosotros mismos, de vuestros sentidos y de vuestra razón. En nada hay que confiar ciegamente, pues todo es mentira.
Una voz se elevó de entre la multitud:
- Si todo es mentira, ¿por qué habríamos de hacerte caso a ti? ¿Cómo sabemos que nos estás diciendo la verdad?
El orador, entonces, supo que estaba siendo puesto a prueba, que se había convertido en víctima de un proceso argumentativo muy similar a la tradicional paradoja del mentiroso. En cualquier caso, estaba preparado para ello:
- No me hagáis caso. ¡Claro que no sabéis si yo mismo os estoy mintiendo! No os creáis lo que digo. Comprobadlo, si os place, y ni tan siquiera entonces podréis estar seguros. Todo es mentira.
Sucedió entonces algo que el orador no había previsto. El auditorio comenzó a increparle, a desatenderle y a abandonar la sala:
- ¡Cómo pretende este tío que lo comprobemos todo! Nada se puede comprobar hasta el infinito.
- Si todo es mentira, la vida carecería de sentido.
- ¡Qué desfachatez, perder la vida comprobando si hay algo de verdad en ella!
- Eso que dice es tan retorcido... ¡seguro que quiere engañarnos!
Cuando el orador quedó a solas, sintió una profunda impotencia. Era una pena, desde luego, que se hubieran negado a escucharle. Una pena inmensa. Porque en el fondo, y no tan en el fondo, todo el mundo sabía, él mismo sabía, que esa era la única verdad.
Todo, en definitiva, es mentira.
- No hagáis caso a nada de lo que os digan -explicaba. - Todos os quieren engañar, todos desean sacar provecho y beneficio de la candidez y la buena voluntad de los otros. Desconfiad, procurad comprobar a través de vuestra propia experiencia toda idea que pretendáis sostener. Y, si es necesario, desconfiad de vosotros mismos, de vuestros sentidos y de vuestra razón. En nada hay que confiar ciegamente, pues todo es mentira.
Una voz se elevó de entre la multitud:
- Si todo es mentira, ¿por qué habríamos de hacerte caso a ti? ¿Cómo sabemos que nos estás diciendo la verdad?
El orador, entonces, supo que estaba siendo puesto a prueba, que se había convertido en víctima de un proceso argumentativo muy similar a la tradicional paradoja del mentiroso. En cualquier caso, estaba preparado para ello:
- No me hagáis caso. ¡Claro que no sabéis si yo mismo os estoy mintiendo! No os creáis lo que digo. Comprobadlo, si os place, y ni tan siquiera entonces podréis estar seguros. Todo es mentira.
Sucedió entonces algo que el orador no había previsto. El auditorio comenzó a increparle, a desatenderle y a abandonar la sala:
- ¡Cómo pretende este tío que lo comprobemos todo! Nada se puede comprobar hasta el infinito.
- Si todo es mentira, la vida carecería de sentido.
- ¡Qué desfachatez, perder la vida comprobando si hay algo de verdad en ella!
- Eso que dice es tan retorcido... ¡seguro que quiere engañarnos!
Cuando el orador quedó a solas, sintió una profunda impotencia. Era una pena, desde luego, que se hubieran negado a escucharle. Una pena inmensa. Porque en el fondo, y no tan en el fondo, todo el mundo sabía, él mismo sabía, que esa era la única verdad.
Todo, en definitiva, es mentira.
lunes, 7 de marzo de 2011
El espejo del tiempo
El espejo del tiempo muestra las cosas como han sido, o como serán. El espejo del tiempo es caprichoso. Ahora te muestra el futuro; ahora, el pasado; y ni uno ni otro puede cambiarse, porque no puede cambiarse lo que no existe. Si miras en el espejo del tiempo todo se relativiza, pues dejan de existir el antes y el después, el aquí y el allí, incluso dejan de existir el yo, el tú y el él. Si miras en el espejo del tiempo te sientes como el espectador de una película, completamente ajeno a ella y ni siquiera participante en un papel secundario. Aquello que ves en el espejo no eres tú, porque tú solo eres tú en el aquí y en el ahora, ya que no eres el que fuiste, y tampoco eres el que tal vez seas. Y el resto del mundo... desde luego, tampoco eres el resto del mundo... no eres más que un observador privilegiado de la vorágine de la vida.
Para interactuar con el tiempo no vale con vivir sujeto a su continuo devenir; tampoco observarlo a través del espejo; hay que dominarlo. Dicen que el tipo que inventó la máquina del tiempo se embarcó en ella y desapareció. Lógico. Nadie inventa una máquina del tiempo si no es para viajar en ella. Y para desaparecer.
Para interactuar con el tiempo no vale con vivir sujeto a su continuo devenir; tampoco observarlo a través del espejo; hay que dominarlo. Dicen que el tipo que inventó la máquina del tiempo se embarcó en ella y desapareció. Lógico. Nadie inventa una máquina del tiempo si no es para viajar en ella. Y para desaparecer.