Había leído tanto que los libros comenzaron a aburrirle. Los guardó todos en la estantería y salió a la calle a leer personas.
Las leía en cualquier lugar: en un café, en una reunión multitudinaria, en un supermercado. Cada persona narraba su historia de una manera, unas con infinita ilusión, otras desencantadas, algunas de sus historias eran trágicas, otras cómicas, otras innovadoras.
Era divertido leerlas, sumergirse en la trama y vivirla como si fuera real, pero, como los libros de verdad, también cansaban. No tenía mucho sentido leerlas dos veces, él no era de esos que leen y releen un libro hasta la saciedad. En el fondo, y a la larga, todas se repetían.
Decidió guardas algunas de estas personas, las que más le gustaban, las más interesantes, en la estantería. Algunas emitieron leves quejidos, los libros también se quejan si no los lees, pero la estantería lucía esplendorosa.
Habría que volver a los libros, aunque sólo fuera por unos días, hasta que volviera a cansarse de ellos.
domingo, 27 de mayo de 2007
viernes, 25 de mayo de 2007
Los límites del reino de la memoria
Como Funes el memorioso. Todo lo que observas ha de ser archivado, todos los datos, las imágenes, las palabras y los gestos. Miles, millones de detalles recordados y mostrados como en una película, una infinidad de palabras dispuestas a ser recitadas como en una letanía incesante.
Eres lo que recuerdas. También eres lo que quieres ser, por supuesto, pero eso depende, siempre, de lo que has sido antes.
El reino de la memoria es una visita obligada para todos los que quieren ser uno mismo. Por eso es mejor mantener buenas relaciones con ellos. Diplomacia, se llama eso. Memorizar ha de convertirse en un placer, no en una tortura.
Aunque a veces sea difícil, especialmente cuando una caravana de objetos a memorizar se extiende hasta el horizonte, y más allá, donde se pierde la vista, y el tiempo que te has propuesto para completar el proceso es cada vez más escaso...
Eres lo que recuerdas. También eres lo que quieres ser, por supuesto, pero eso depende, siempre, de lo que has sido antes.
El reino de la memoria es una visita obligada para todos los que quieren ser uno mismo. Por eso es mejor mantener buenas relaciones con ellos. Diplomacia, se llama eso. Memorizar ha de convertirse en un placer, no en una tortura.
Aunque a veces sea difícil, especialmente cuando una caravana de objetos a memorizar se extiende hasta el horizonte, y más allá, donde se pierde la vista, y el tiempo que te has propuesto para completar el proceso es cada vez más escaso...
domingo, 20 de mayo de 2007
Los genios ya no existen
Los pocos que quedaban murieron en la última oleada de apatía y vulgaridad. Desaparecieron sin hacer mucho ruido, ellos son discretos, ya se sabe. Anduvieron en vías de extinción durante décadas, y sin embargo jamás fueron una especie protegida. De hecho, a nadie le importó cuando dejaron de caminar por nuestras ciudades.
Así el mundo puede, por fin, sumirse agradablemente en la más profunda monotonía, y seguir rodando por inercia hasta donde quiera el azar llevarle de la mano.
Y las almas de los genios continuarán gritanto en el vacío, para toda la eternidad, en el interior de esos cubos de metacrilato que vagan a la deriva, donde no pueden ser escuchados por nadie...
Así el mundo puede, por fin, sumirse agradablemente en la más profunda monotonía, y seguir rodando por inercia hasta donde quiera el azar llevarle de la mano.
Y las almas de los genios continuarán gritanto en el vacío, para toda la eternidad, en el interior de esos cubos de metacrilato que vagan a la deriva, donde no pueden ser escuchados por nadie...
lunes, 14 de mayo de 2007
Sobre el universo y otras pequeñeces
Así que el universo se expande o se contrae, una de las dos posibilidades, la primera según los últimos estudios.
Debe de expandirse porque las galaxias se alejan de nosotros cada segundo que pasa. Terminaremos por quedarnos solos en un cielo negro y vacío.
El universo se expande como un globo en el que, con un rotulador fosforescente, hubiesen dibujado puntitos y rayas. Nosotros somos un punto, y nos alejamos del resto a medida que insuflan aire en el globo, o en el universo.
¿Y qué pasará cuando el universo se expanda tanto, tanto, que no pueda aguantar más presión y estalle como una piñata? Entonces las galaxias se desparramarán como serpentinas de luz, y los planetas caerán y comenzarán a rodar como bolitas de caramelo.
Y alguien, en algún lugar lejano, se lo pasará pipa viendo tan luminoso espectáculo.
Igual se agacha a recoger una de las bolitas de caramelo, tal vez aquella que habitamos, y se la lleva a la boca dispuesto a comérsela...
Debe de expandirse porque las galaxias se alejan de nosotros cada segundo que pasa. Terminaremos por quedarnos solos en un cielo negro y vacío.
El universo se expande como un globo en el que, con un rotulador fosforescente, hubiesen dibujado puntitos y rayas. Nosotros somos un punto, y nos alejamos del resto a medida que insuflan aire en el globo, o en el universo.
¿Y qué pasará cuando el universo se expanda tanto, tanto, que no pueda aguantar más presión y estalle como una piñata? Entonces las galaxias se desparramarán como serpentinas de luz, y los planetas caerán y comenzarán a rodar como bolitas de caramelo.
Y alguien, en algún lugar lejano, se lo pasará pipa viendo tan luminoso espectáculo.
Igual se agacha a recoger una de las bolitas de caramelo, tal vez aquella que habitamos, y se la lleva a la boca dispuesto a comérsela...
jueves, 10 de mayo de 2007
La senda del perdedor
Porque la victoria aturde y obnubila, porque los ganadores se vuelven soberbios y vanidosos, porque siempre se aprende más de una derrota que de mil victorias, brindo por los perdedores, por los que lo han sido, lo son y lo serán, no por los perdedores circunstanciales, esos se curan con la siguiente victoria, sino por los que saben positivamente que jamás obtendrán ningún éxito meritorio.
A ellos nadie les mirará con admiración, nadie arrojará flores a su paso, nadie llorará conmovido por verles fracasar, porque sólo duelen los fracasos inesperados, la derrota continuada no impacta, sólo aburre.
Por eso alzo el brazo con el que sostengo mi copa, miro al cielo donde moran los triunfadores, y me hundo en la miseria del eterno perdedor con el orgullo, qué consuelo nos quedaría en caso contrario, de, al menos, seguir siendo aquel tipo desangelado que inició una senda que no podía llevar a otro lugar que a la nada.
A ellos nadie les mirará con admiración, nadie arrojará flores a su paso, nadie llorará conmovido por verles fracasar, porque sólo duelen los fracasos inesperados, la derrota continuada no impacta, sólo aburre.
Por eso alzo el brazo con el que sostengo mi copa, miro al cielo donde moran los triunfadores, y me hundo en la miseria del eterno perdedor con el orgullo, qué consuelo nos quedaría en caso contrario, de, al menos, seguir siendo aquel tipo desangelado que inició una senda que no podía llevar a otro lugar que a la nada.
lunes, 7 de mayo de 2007
El final de la cuenta atrás
10, 9, 8...
Quedaba tan poco... unos segundos y habría llegado al final de la cuenta atrás. Tanto tiempo esperando este momento...
7, 6, 5...
Pensó ilusionado en lo que sucedería cuando la sucesión numérica llegase al tan ansiado número 0. Lo intentó, al menos, porque se dio cuenta entonces de que no recordaba el porqué de esta cuenta atrás, hacía ya tanto que había comenzado, apenas recordaba si la había iniciado con un millón, o con varios, qué más daba...
4, 3, 2...
Tampoco importaba no saber qué sucedería. Mejor, así la situación se tornaba emocionante y su desenlace sorprendente. Si había comenzado a contar era, a buen seguro, porque merecía la pena. Era lógico olvidar la razón, en realidad llevaba no sabía cuántos miles de miles de segundos concentrado en el devenir de los números, después de cada uno de ellos siempre otro que reflejaba una cantidad menor. Qué sería, qué sería, seguro que se trataba de un suceso grandioso...
1, 0
Cuando su cadáver cayó al suelo, nadie supo muy bien determinar si la muerte se había producido por un infarto ante los nervios y la tensión del momento, o si la cuenta atrás iniciada hace años no eran más que los granos que quedaban en la parte superior del reloj de arena de su vida.
Quedaba tan poco... unos segundos y habría llegado al final de la cuenta atrás. Tanto tiempo esperando este momento...
7, 6, 5...
Pensó ilusionado en lo que sucedería cuando la sucesión numérica llegase al tan ansiado número 0. Lo intentó, al menos, porque se dio cuenta entonces de que no recordaba el porqué de esta cuenta atrás, hacía ya tanto que había comenzado, apenas recordaba si la había iniciado con un millón, o con varios, qué más daba...
4, 3, 2...
Tampoco importaba no saber qué sucedería. Mejor, así la situación se tornaba emocionante y su desenlace sorprendente. Si había comenzado a contar era, a buen seguro, porque merecía la pena. Era lógico olvidar la razón, en realidad llevaba no sabía cuántos miles de miles de segundos concentrado en el devenir de los números, después de cada uno de ellos siempre otro que reflejaba una cantidad menor. Qué sería, qué sería, seguro que se trataba de un suceso grandioso...
1, 0
Cuando su cadáver cayó al suelo, nadie supo muy bien determinar si la muerte se había producido por un infarto ante los nervios y la tensión del momento, o si la cuenta atrás iniciada hace años no eran más que los granos que quedaban en la parte superior del reloj de arena de su vida.
miércoles, 2 de mayo de 2007
Vaticinio
"Va a pasar algo", pensó. Y lo dijo entre dientes, como un susurro efímero, con un silbido tenue que tratase de escapar de sus labios y agonizase en la huida. Pero lo dijo.
Tuvo que pasar bastante tiempo hasta rendirse a la evidencia y admitir que, en definitiva, sus presentimientos habían sido erróneos, que nada había pasado y que nada pasaría.
Mientras se hundía en el hastío, mientras se entregaba al tiempo, decidió que nunca más los llamaría presentimientos, ni vaticinios, ni corazonadas. Eran sólo ilusiones, tan frágiles como inciertas.
Y se diluyó en la más entristecedora monotonía...
Tuvo que pasar bastante tiempo hasta rendirse a la evidencia y admitir que, en definitiva, sus presentimientos habían sido erróneos, que nada había pasado y que nada pasaría.
Mientras se hundía en el hastío, mientras se entregaba al tiempo, decidió que nunca más los llamaría presentimientos, ni vaticinios, ni corazonadas. Eran sólo ilusiones, tan frágiles como inciertas.
Y se diluyó en la más entristecedora monotonía...