La mejor opción es la de moverse entre la realidad y la ficción.
La realidad por sí misma aburre, consume, aterra. Comprobar que las cosas transcurren como deben, que no existen sobresaltos ni alteraciones, no satisface. El estatismo es insuficiente, y la realidad, por más que tratemos de dinamizarla, se mueve mediante unas reglas predeterminadas.
Tampoco debe de ser bueno sumergirse en la ficción, porque es inestable, aleatoria, insustancial, porque puede ser bella, sí, pero también puede volverse en tu contra y ahogarte como una bufanda demasiado apretada.
Habría que intentar ser el fantasioso incorregible en los dominios de la realidad, el sereno pragmático en el mundo de hadas de los que no alcanzan a poner los pies en el suelo.
Aunque ni unos ni otros te identifiquen como miembro de su grupo.
Aunque te sientas sólo en tu singularidad.
domingo, 31 de diciembre de 2006
domingo, 24 de diciembre de 2006
Los dominios del sueño atrasado
Hay un lugar donde se acumulan las horas de sueño atrasado. Todo se encuentra allí, los minutos de insomnio generados por las preocupaciones, las horas extras ocupadas en trabajos inmundos y estudios insustanciales, los timbres impenitentes de los despertadores.
Se trata de un lugar recóndito, al que sólo los elegidos tienen accesos. Algunos lo buscaron durante toda una vida, sin éxito en la mayoría de los casos. Hay que ascender pendientes, descender barrancos, superar todos los obstáculos necesarios hasta encontrarse a uno mismo, y entonces, sólo entonces, rodeado de calma absoluta y provistos de paz de espíritu, estaremos preparados para buscar entre los inmensos anaqueles y encontrar nuestro sueño atrasado.
Cuentan que, en esos momentos, el atribulado buscador caerá inmediatamente rendido, como presa de un encantamiento, y que dormirá todo aquello que debió haber dormido en su día, y soñará todo lo que nunca se atrevió a soñar, hasta despertar, llegado su momento, con la convicción de sentirse el hombre más afortunado del mundo.
Se trata de un lugar recóndito, al que sólo los elegidos tienen accesos. Algunos lo buscaron durante toda una vida, sin éxito en la mayoría de los casos. Hay que ascender pendientes, descender barrancos, superar todos los obstáculos necesarios hasta encontrarse a uno mismo, y entonces, sólo entonces, rodeado de calma absoluta y provistos de paz de espíritu, estaremos preparados para buscar entre los inmensos anaqueles y encontrar nuestro sueño atrasado.
Cuentan que, en esos momentos, el atribulado buscador caerá inmediatamente rendido, como presa de un encantamiento, y que dormirá todo aquello que debió haber dormido en su día, y soñará todo lo que nunca se atrevió a soñar, hasta despertar, llegado su momento, con la convicción de sentirse el hombre más afortunado del mundo.
lunes, 18 de diciembre de 2006
Conspiración
Me observan. Son ellos y están por todas partes. Apostan sus microcámaras en los espejos, en los baños, en los insectos que pululan a nuestro alrededor. Lo saben todo sobre mí, quién soy, cómo he llegado hasta aquí y por qué, penetran en mis pensamientos durante el sueño y los leen, y los interpretan. Me conocen mejor que yo mismo y están esperando el momento de actuar.
Han de ser seres realmente retorcidos para dedicar su tiempo a vigilarme de esta forma. Seguro que no soy el único, que tienen más objetivos. El tiempo es tan corto, tan valioso, que no puedo llegar a entender como alguien lo malgasta así.
Yo, que soy una persona aparentemente normal. ¿Cómo han llegado a objetivarme? ¿Por qué me he convertido en blanco de sus miradas? Si no hago nada, sólo voy a trabajar cada mañana, como cualquiera, regreso a casa por las noches y descanso el domingo. Nada que pudiera levantar sospechas.
De todos modos, ya no importa. Sólo queda una semana para el total exterminio de la raza humana. Sus observaciones no han podido fructificar. Acabaré con todos ellos como quien acaba con una bagatela molesta.
Ya era hora.
Estaba realmente cansado de ser observado sin motivo.
Han de ser seres realmente retorcidos para dedicar su tiempo a vigilarme de esta forma. Seguro que no soy el único, que tienen más objetivos. El tiempo es tan corto, tan valioso, que no puedo llegar a entender como alguien lo malgasta así.
Yo, que soy una persona aparentemente normal. ¿Cómo han llegado a objetivarme? ¿Por qué me he convertido en blanco de sus miradas? Si no hago nada, sólo voy a trabajar cada mañana, como cualquiera, regreso a casa por las noches y descanso el domingo. Nada que pudiera levantar sospechas.
De todos modos, ya no importa. Sólo queda una semana para el total exterminio de la raza humana. Sus observaciones no han podido fructificar. Acabaré con todos ellos como quien acaba con una bagatela molesta.
Ya era hora.
Estaba realmente cansado de ser observado sin motivo.
domingo, 10 de diciembre de 2006
Adán
Pues no, Eva no tomó del fruto prohibido. Es buena chica esta Eva, piadosa y desprendida. No cayó en la tentación, y la serpiente huyó llevándose con ella sus inquinas y malos deseos.
Aún seguimos en el paraíso. Ha pasado mucho tiempo, aunque es difícil contrastar eso en un lugar creado sobre la atemporalidad. Ahora nos hemos reproducido, Eva y yo, y ya somos varios miles aquí, en el Edén. Desde luego, hay poco que hacer. Las facilidades son tantas y las tentaciones tan escasas que hemos caído en el sopor más absoluto.
Ante la falta de motivaciones, me dedico a perseguir a las chicas que pululan por los jardines y a fornicar con ellas. No puedo evitar pensar que, en el fondo, se trata de mis propias hijas y nietas, y que estoy sucumbiendo a manos del incesto, pero qué más da, en el fondo. En cualquier caso, no tomé del fruto, así que no distingo el Bien del Mal. Mi conciencia está tranquila.
Tampoco Eva se enfada. Es buena chica esta Eva, tan sumisa. Ella es feliz. De hecho, aquí todos son felices, con esa felicidad que da la ignorancia idiota. Odio a la gente así, a los que dicen que "la felicidad es conformarse con lo que uno tiene" o "yo soy feliz aunque no tenga nada". Mentiras. Se engañan a sí mismos. El hombre siempre aspira a algo que no tiene. Si no, siempre seríamos igual de estúpidos. Quien habla así es porque en la vida ha sido poco ambicioso, o excesivamente conformista. En cualquier caso, peca de desidia, de pereza.
Esto es un desastre. Me voy a los árboles prohibidos y tomo un fruto de cada uno de ellos. Uno, del Árbol de la Ciencia; otro, del Árbol de la Vida. Les doy sendos mordiscos y, en un principio, no pasa nada. Sé que voy a ser expulsado del paraíso, así que me dirijo a la salida por mi propio pie. Esto es una mierda, así que antes de que me echen, me voy yo solo.
En la puerta no hay nadie. Ni ángeles, ni arcángeles, ni serafines, ni querubines, ni voces de ultratumba, ni espadas de fuego. Parece que la salida es mucho más fácil que la entrada. Como en todos los garitos. Dónde se habrá metido Lucifer y sus colegas prometeicos. Hace tiempo que no aparecen, seguro que se lo están pasando en grande.
Aún seguimos en el paraíso. Ha pasado mucho tiempo, aunque es difícil contrastar eso en un lugar creado sobre la atemporalidad. Ahora nos hemos reproducido, Eva y yo, y ya somos varios miles aquí, en el Edén. Desde luego, hay poco que hacer. Las facilidades son tantas y las tentaciones tan escasas que hemos caído en el sopor más absoluto.
Ante la falta de motivaciones, me dedico a perseguir a las chicas que pululan por los jardines y a fornicar con ellas. No puedo evitar pensar que, en el fondo, se trata de mis propias hijas y nietas, y que estoy sucumbiendo a manos del incesto, pero qué más da, en el fondo. En cualquier caso, no tomé del fruto, así que no distingo el Bien del Mal. Mi conciencia está tranquila.
Tampoco Eva se enfada. Es buena chica esta Eva, tan sumisa. Ella es feliz. De hecho, aquí todos son felices, con esa felicidad que da la ignorancia idiota. Odio a la gente así, a los que dicen que "la felicidad es conformarse con lo que uno tiene" o "yo soy feliz aunque no tenga nada". Mentiras. Se engañan a sí mismos. El hombre siempre aspira a algo que no tiene. Si no, siempre seríamos igual de estúpidos. Quien habla así es porque en la vida ha sido poco ambicioso, o excesivamente conformista. En cualquier caso, peca de desidia, de pereza.
Esto es un desastre. Me voy a los árboles prohibidos y tomo un fruto de cada uno de ellos. Uno, del Árbol de la Ciencia; otro, del Árbol de la Vida. Les doy sendos mordiscos y, en un principio, no pasa nada. Sé que voy a ser expulsado del paraíso, así que me dirijo a la salida por mi propio pie. Esto es una mierda, así que antes de que me echen, me voy yo solo.
En la puerta no hay nadie. Ni ángeles, ni arcángeles, ni serafines, ni querubines, ni voces de ultratumba, ni espadas de fuego. Parece que la salida es mucho más fácil que la entrada. Como en todos los garitos. Dónde se habrá metido Lucifer y sus colegas prometeicos. Hace tiempo que no aparecen, seguro que se lo están pasando en grande.
lunes, 4 de diciembre de 2006
A vueltas con los sueños
He soñado que cometía un acto horrible, atroz, cargado de perversidad, un acto que rebajaría mi condición por debajo de la mínima humana y que cosecharía el desprecio de todos mis semejantes, incluso los más aviesos y depravados.
No existía posibilidad alguna de alegar enajenación o locura. En mi sueño era perfectamente consciente del tipo de acto que estaba cometiendo, es más, me deleitaba en su inmundicia, disfrutaba como un añadido más del hecho de saber que aquella acción sería, a los ojos del mundo, absolutamente reprochable.
Y me he despertado, y lo he hecho con tal tranquilidad de espíritu, con tal paz interior y calma, que cualquiera diría que había soñado con coros celestiales que arrullaban mi sueño. Tal vez se trate de la satisfacción de deseos inconfesables, tal vez de la animalidad reprimida; en cualquier caso, esta noche me entregaré de nuevo a las horas de reposo con la ilusión de volver a convertirme, por unas horas y en secreto, en la bestia que, probablemente, siempre fui.
No existía posibilidad alguna de alegar enajenación o locura. En mi sueño era perfectamente consciente del tipo de acto que estaba cometiendo, es más, me deleitaba en su inmundicia, disfrutaba como un añadido más del hecho de saber que aquella acción sería, a los ojos del mundo, absolutamente reprochable.
Y me he despertado, y lo he hecho con tal tranquilidad de espíritu, con tal paz interior y calma, que cualquiera diría que había soñado con coros celestiales que arrullaban mi sueño. Tal vez se trate de la satisfacción de deseos inconfesables, tal vez de la animalidad reprimida; en cualquier caso, esta noche me entregaré de nuevo a las horas de reposo con la ilusión de volver a convertirme, por unas horas y en secreto, en la bestia que, probablemente, siempre fui.