Así le dijeron: "La vida se compone de pequeños matices que hay que localizar y guardar como tesoros". De modo que Pandora comenzó a archivar todos los matices de las voces que oía, los dobles sentidos, las ironías, buscó en las imágenes que captaba su vista los gestos, los cambios de luz, la penumbra que siempre crece a la espalda de los objetos que miran al sol, se acostumbró a leer entre líneas, a interpretar más allá de las palabras, a trasponer los límites de la hermenéutica.
Miraba a los ojos, siempre, con lo difícil que es. En los ojos los matices se desenvuelven con total libertad, estallan en mil brillos, se disfrazan de mil formas diferentes.
Pandora recogía estos matices y los guardaba en una caja, sin advertir que una ironía esconde un mal deseo, que los gestos tapan mentiras, que entre líneas se leen invectivas malintencionadas.
Cuando Pandora, un día, abrió la caja, los matices eran tantos que escaparon y se esparcieron por el mundo en forma de demonios, y todavía, si ponemos mucha atención, podemos observarlos, pese a su discreción, haciendo de las suyas, perturbando con la confusión la simplicidad de las vidas de los hombres.
Sobre todo, en los ojos de los demás.
martes, 28 de noviembre de 2006
viernes, 24 de noviembre de 2006
El maravilloso mundo de la incomunicación
¿Qué hay de la desagrabadable sensación de hablar y hablar, de emitir las ideas más interesantes y hacer públicos los pensamientos más productivos durante horas y horas para, a fin de cuentas, no ser escuchados en ningún momento? ¿Acaso soy el único que la padece, acaso soy el único a quien le preocupa?
Al principio detectas ojos que te observan, escrutadores, que parecen analizar cada uno de tus gestos, aunque sabes perfectamente que no te escuchan. Con el tiempo los rostros se vuelven borrosos, apenas te molestas en distinguirlos, qué más da, como si miran para otro lado.
Sientes que estas predicando en el desierto. Sólo llega a tus oídos el eco de tu voz, tus palabras repetidas mil veces, sin aportes ni modificaciones.
A ratos te sientes solo, a ratos agradeces esa situación, a ratos te preguntas hasta dónde puede llegar esta incomunicación, si todos viviremos encerrados en cápsulas individuales, sin contruiremos más barreras para el sonido.
Y lo más curioso de todo es que sigues hablando, y hablando, por si acaso, tarde o temprano, alguien se digna a prestarte atención...
Al principio detectas ojos que te observan, escrutadores, que parecen analizar cada uno de tus gestos, aunque sabes perfectamente que no te escuchan. Con el tiempo los rostros se vuelven borrosos, apenas te molestas en distinguirlos, qué más da, como si miran para otro lado.
Sientes que estas predicando en el desierto. Sólo llega a tus oídos el eco de tu voz, tus palabras repetidas mil veces, sin aportes ni modificaciones.
A ratos te sientes solo, a ratos agradeces esa situación, a ratos te preguntas hasta dónde puede llegar esta incomunicación, si todos viviremos encerrados en cápsulas individuales, sin contruiremos más barreras para el sonido.
Y lo más curioso de todo es que sigues hablando, y hablando, por si acaso, tarde o temprano, alguien se digna a prestarte atención...
domingo, 19 de noviembre de 2006
El azar
Toda la vida buscando una ecuación que me diera la respuesta a todos los porqués que venían acechándome para finalmente llegar a la conclusión de que nada se puede explicar sin la presencia todopoderosa pero incalculable del azar, el verdadero Dios al que adorar, ese indescifrable arcano que todo lo puede, todo lo domina a su antojo y que jamás, jamás, llegaremos a comprender.
¿Podemos hacer algo para que nos sea benigno? No, ni siquiera rezar nos serviría. El azar es completa y dolorosamente imparcial, actúa sin que le importemos lo más mínimo. ¿No es esa la forma más objetiva, aunque cruel, de justicia?
¿Cómo debemos, pues, dirigir nuestras vidas? Asumiéndolo. De hecho, no dirigimos nuestras vidas, ellas flotan como hojas mecidas por el viento y llevadas de un lugar a otro, aleatoriamente, hasta que su materia se descompone.
Me preguntarán ahora qué hacemos entonces. Pues nada. No hay nada que hacer. Sus vidas están gobernadas por un elemento que ni siquiera existe, que no les escucha, que carece, de hecho, de sentimientos.
¿Es que los seres humanos siempre tienen que poseer un consuelo moral o metafísico al que agarrarse? Olvídense esta vez. Somos puro azar, por ello estamos aquí y sólo por ello aquí permanecemos. Incluso la ciencia, tan exacta ella, cuando trata de explicar el caos o la entropía parece un indefenso bebé todavía en pañales...
¿Podemos hacer algo para que nos sea benigno? No, ni siquiera rezar nos serviría. El azar es completa y dolorosamente imparcial, actúa sin que le importemos lo más mínimo. ¿No es esa la forma más objetiva, aunque cruel, de justicia?
¿Cómo debemos, pues, dirigir nuestras vidas? Asumiéndolo. De hecho, no dirigimos nuestras vidas, ellas flotan como hojas mecidas por el viento y llevadas de un lugar a otro, aleatoriamente, hasta que su materia se descompone.
Me preguntarán ahora qué hacemos entonces. Pues nada. No hay nada que hacer. Sus vidas están gobernadas por un elemento que ni siquiera existe, que no les escucha, que carece, de hecho, de sentimientos.
¿Es que los seres humanos siempre tienen que poseer un consuelo moral o metafísico al que agarrarse? Olvídense esta vez. Somos puro azar, por ello estamos aquí y sólo por ello aquí permanecemos. Incluso la ciencia, tan exacta ella, cuando trata de explicar el caos o la entropía parece un indefenso bebé todavía en pañales...
domingo, 12 de noviembre de 2006
Problemas de tiempo
No entiendo muy bien el estatus del presente en la línea del tiempo. Se me plantean dos alternativas:
1.- El presente no existe, existen el pasado, aunque sólo en recuerdos, y el futuro, aunque aún no ha llegado, pero llegará. El presente es sólo un punto fugaz, un nexo de unión entre ambos, sin contenido real ni esencial.
o
2.- No existen el pasado ni el futuro. Uno existió, pero ya no. Otro existirá, pero todavía no. Sólo existe, y a ello hemos de atenernos, el presente.
Seguiría pero no tengo tiempo...
1.- El presente no existe, existen el pasado, aunque sólo en recuerdos, y el futuro, aunque aún no ha llegado, pero llegará. El presente es sólo un punto fugaz, un nexo de unión entre ambos, sin contenido real ni esencial.
o
2.- No existen el pasado ni el futuro. Uno existió, pero ya no. Otro existirá, pero todavía no. Sólo existe, y a ello hemos de atenernos, el presente.
Seguiría pero no tengo tiempo...
lunes, 6 de noviembre de 2006
Dios es un matemático
No se trataba de una revelación, por supuesto, ellos no atendían a revelaciones, sino a la más pura lógica, pero el caso es que para algunos racionalistas y positivistas de los siglos XVIII y XIX Dios no era más (y no era menos) que un matemático perfecto, un ser capaz de valorar y calibrar todas las variables de la realidad, todas las condiciones y todas las causas que dan lugar a todos los efectos que simultánea o sucesivamente se producen en todo el universo.
De ahí su omnisciencia, su omnipresencia y su omnipotencia, del conocimiento privilegiado que le suponía el saber todo lo que había sucedido y todo lo que sucedería, pues para ello no tenía más que calcular sin margen de error cómo se sucederían los acontecimientos según estaba previsto en las situaciones establecidas. El destino no está escrito, por supuesto, pero es predecible de la misma manera que puedo predecir que me mojaré si me pongo debajo de la lluvia. Pura lógica, aunque al por mayor.
La fórmula no es fácil. Yo la he descubierto esta semana, de modo que no soy Dios (al menos que yo sepa), pero soy capaz de calcular todas las variables del universo para predecir el futuro (una especie de Kasparov, solo que él sólo funciona en el pequeño universo ajedrecístico).
Mi nueva capacidad, obtenida a base de esfuerzo y trabajo, estuvo bien durante un rato. Ahora ya me aburre. Nada me sorprende, nada me inquieta, nada me fascina. Sé cuando y por qué sucederá todo.
En fin, que sumido en el hastío y consciente de mi próxima muerte, pues mis cálculos la situaron en una fecha no muy lejana de la actual, no me queda más que esperar mi final, aunque, y lo puedo decir, dadas mis facultades, el final del universo tampoco es que se encuentre tan alejado en términos astronómicos...
De ahí su omnisciencia, su omnipresencia y su omnipotencia, del conocimiento privilegiado que le suponía el saber todo lo que había sucedido y todo lo que sucedería, pues para ello no tenía más que calcular sin margen de error cómo se sucederían los acontecimientos según estaba previsto en las situaciones establecidas. El destino no está escrito, por supuesto, pero es predecible de la misma manera que puedo predecir que me mojaré si me pongo debajo de la lluvia. Pura lógica, aunque al por mayor.
La fórmula no es fácil. Yo la he descubierto esta semana, de modo que no soy Dios (al menos que yo sepa), pero soy capaz de calcular todas las variables del universo para predecir el futuro (una especie de Kasparov, solo que él sólo funciona en el pequeño universo ajedrecístico).
Mi nueva capacidad, obtenida a base de esfuerzo y trabajo, estuvo bien durante un rato. Ahora ya me aburre. Nada me sorprende, nada me inquieta, nada me fascina. Sé cuando y por qué sucederá todo.
En fin, que sumido en el hastío y consciente de mi próxima muerte, pues mis cálculos la situaron en una fecha no muy lejana de la actual, no me queda más que esperar mi final, aunque, y lo puedo decir, dadas mis facultades, el final del universo tampoco es que se encuentre tan alejado en términos astronómicos...