lunes, 25 de septiembre de 2006

Final feliz

- Tengo un problema, doctor... verá... es que... todo el mundo tiene fantasías, ¿no? Ilusiones en las que uno mismo triunfa, en las que se convierte en héroe o en las que es totalmente feliz... es natural en el ser humano proyectarse en estados irreales de bienestar, ¿verdad?... quiero decir que es algo sano, común, positivo...
Entonces, ¿por qué yo tengo que sufrir que incluso mis fantasías terminen de forma trágica? Sueño que puedo volar, y termino estrellándome, cuando me veo como un rico triunfador no dejan de sobrevenirme desgracias que acaban con mis huesos en el arcén. Sueño que paro el tiempo en un estado de felicidad sublime, e inmediatamente pienso que sin tiempo no hay espacio, que ni siquiera mis pensamientos pueden desarrollarse sin el tiempo, y me siento apresado en la inmovilidad, y grito, y me angustio...
Ya sé que la vida es así, que la realidad es cruel. Pero, ¿hasta en los sueños, doctor? Esto sólo me pasa a mí, ¿verdad? ¿Eh?

lunes, 18 de septiembre de 2006

Buffet libre

- Buenos días.
- Buenos días.
- Verá, lleva usted ya tres horas comiendo. Diez platos en total.
- Bueno, he pagado buffet libre, ¿no?
- Sí, pero...
- ¿Pero?
- Sí, verá...
- Verá usted. Supongo que no tengo por qué esconderlo. Sucede que tengo un agujero negro alojado en mi estómago.
- ¿Un agujero negro?
- Sí. Están por todo el universo, ¿no? ¿Por qué no en mi estómago, por qué no de tamaño nanoparticular? ¿Es que todos los agujeros son inmensas moles de antimateria? No. El mío es microscópico, pero voraz. ¿Por qué no devorar todo lo que encuentre a su paso? Todos los agujeros negros lo hacen, está en su naturaleza.
- Entonces, ¿cuándo cerramos el buffet?
- Da igual. Acabaré con él, enterito, y después le devoraré a usted y a todo lo que le rodea, así que no se preocupe por llegar esta noche tarde a casa...

jueves, 14 de septiembre de 2006

El inmortal

Pocas veces en su vida tiene uno la posibilidad de cruzarse con un inmortal. En esos casos, por escasos y por fructíferos, conviene, sin duda alguna, entablar conversación:
"...en efecto, presencié la desaparición de Pompeya, cómo olvidarlo, pero ya antes había contemplado las llamas sobre la ciudad de Troya, la destrucción de los palacios de Nanjing, las lágrimas de Nimrod, las cenizas de los incalculables volúmenes de la biblioteca de Alejandría. Más tarde tendría que contemplar el hundimiento de Tenochtitlán, la peste sobre París, el asedio en Leningrado, he mirado tantas veces el rostro de la muerte reflejado en los demás..."
Quedé impresionado por el relato de su vida. Le pregunté adónde se dirigía, qué deseaba de la vida alguien que ya había recibido tanto.
"...de la vida, poca cosa, sólo espero que la muerte se atreva, de una vez por todas, a llevarme consigo".
Se perdió entre la gente. Tras haber cruzado estas palabras con él, le admiré más que nunca.

martes, 12 de septiembre de 2006

Mitología urbana

¿Quién dijo que no existían las odiseas modernas?
Cuando la negra noche extendía ya su manto sobre los cielos, el héroe concluyó los arduos trabajos impuestos por los dioses. Era su destino, así que realizó un par de ofrendas y se aprestó a volver a casa.
Los dioses, sin embargo, caprichosos en su omnipotencia, decidieron plagar su camino de dificultades. Fue así que el héroe tuvo que superar innumerables pruebas antes de ver cumplido su regreso. Hubo de esperar pacientemente junto al semáforo que nunca se ponía en verde mientras veía a sus compañeros sumirse en la desesperación, jugó con los alocados vehículos kamikaze que se cruzaban en su camino, hubo de vérselas con las dificultades para aparcar, evitar las endemoniadas palomas que atacaban entre los ojos y seguir las inconexas declaraciones de un borracho que, tirado en una esquina, pretendía ponerle a prueba con un acertijo.
Cuando llegó a casa, su esposa, su Penélope, habíase cansado de tejer y yacía, rendida y exhausta, junto a uno de sus pretendientes...

lunes, 4 de septiembre de 2006

Después

La tormenta amainó. Después de larguísimas horas, de días interminables, de semanas apocalípticas, las nubes permitieron comprobar a los hombres que habían perdido la fe que, en efecto, el cielo, tras ellas, seguía siendo azul.
El tipo, entonces, abandonó su refugio. Había luchado contra mares de lluvia, se había sostenido frente a los más enfurecidos soplos de Eolo, había esquivado montañas enteras que las inclemencias arrojaban contra él, hasta que encontró aquel pequeño agujero practicado por las mismas fuerzas que pretendían derribarlo, y allí se tumbó, y se quedó dormido.
Ahora oía el canto de los pájaros, y se preguntó cómo estos había podido sobrevivir a semejante muestra de destrucción. Quizá los pájaros estaban en su cabeza, habían anidado allí para protegerse, como él en su agujero, y allí seguirían, tan a gusto.
A su alrededor el paisaje era tan desolador que el tipo decidió que él también, como los pájaros de su cabeza, permanecería en su agujero, para qué cambiar si el lugar es agradable, y esperaría allí la llegada de la próxima tormenta.

viernes, 1 de septiembre de 2006

Del sueño eterno a la decadencia irreversible

Siempre intenté aprender a dormir boca arriba, en la atractiva posición de decúbito supino, y no porque favorezca el descanso de las cervicales, ni porque sea beneficiosa para la respiración, ni porque sea la posición más natural en el ser humano, que lo es, sino para sentirme, al menos durante el sueño, un Nosferatu.
Eternamente joven, el no muerto descansa durante el día en su bonito ataúd perfectamente acolchado mientras cruza las manos sobre el pecho y espera, con la paciencia que proporciona la vida eterna, que el día se extinga o, si la mala suerte llama a su puerta, que una estaca sujetada por el cazavampiros de turno se clave en el lugar en el que debiera hallarse su corazón.
¡Ah, qué vida descansada la del vampiro ilustrado! Noctambulismo, hematofagia, cervicales perfectas, paz interior, ¿y todavía hay quien se pregunta cómo alcanzar la felicidad?
En cuanto consiga dormir mirando al techo, me compro un ataúd y me vampirizo, sólo así me olvidaré del decadente ser humano, del paso del tiempo y de las crisis de personalidad. Las crisis no pueden ser eternas, por definición, una crisis es un período de depresión entre dos períodos de estabilidad, sobre todo no pueden ser eternas si el eterno eres tú...