jueves, 29 de junio de 2006

Insomnio

Sería el insoportable calor, o los ruidos que subían desde la avenida próxima, o los funestos pensamientos que cruzaban su mente como relámpagos. En cualquier caso, conciliar el sueño parecía una misión de titanes. Volvió a comprobar la hora, incalculable ya el tiempo que llevaba allí, tumbado sobre la cama y cerrando los ojos en vano.
Decidió agarrarse a la sabiduría popular como tabla de salvación y comenzar a contar ovejitas. Pronto el aburrimiento podría con él y con su insurrecto insomnio.
Se incorporó ligeramente, lo suficiente para echar un vistazo a su habitación en penumbra. Ninguna ovejita que contar. Cero. Empezábamos bien. Repentinamente, percibió una junto a la ventana. Pacía con calma cadavérica. Quizá estuviera masticando la cortina, pero eso apenas importaba. Había que dormir. Una. La siguiente apareció detrás de la puerta. Dos. Otra debajo de la cama. Tres.
Encontró ovejas junto a la mesita de noche. Debajo de la almohada. Junto al tresillo. En el espejo del tocador. Bajo las sábanas, acurrucadas entre sus pies.
Tras contar la oveja que hacía el número mil quinientos, su grito de angustia se hubiera elevado al cielo con alas de Dédalo de no ser ahogado por la multitud de balidos que pululaban por la habitación entre un hedor insoportable a establo y a defecación ovina, una temperatura infernal de jersey de lana y una preocupante falta de aire por las respiraciones conjuntas de los mil quinientos y un organismos que se apilaban, carne sobre carne, casi envasados al vacío, en los escasos metros cúbicos del dormitorio.
Así sería auténticamente imposible dormir...

martes, 27 de junio de 2006

Póngame un adjetivo, si es tan amable...

Ahora resulta que, con algo así como 150 años de retraso, me entero de que Rocambole era un personaje de las novelas del escritor francés del siglo XIX Pierre Alexis Ponson de Terrail. Más vale enterarse tarde que nunca, diría un alma generosa, pero lo cierto es que llevo usando toda mi vida el adjetivo "rocambolesco" sin saber en absoluto a qué se refería.
Debe de ser conmovedor encontrar tu nombre en el diccionario, pero no en una enciclopedia con otros tropecientos personajes, sino en un diccionario común, tu nombre convertido en un adjetivo que usará gente que ni siquiera supondrá tu existencia.
Posiblemente sea uno de los mejores homenajes posibles para las mentes vanidosas. "¿Qué quieres: una cena de despedida, tu nombre para una calle céntrica o un busto en el parque del pueblo?" "Pues... póngame un adjetivo en el diccionario, mejor."
Se trata de un privilegio al alcance de muy pocos. Encontré en el diccionario los adjetivos "platónico", "maquiavélico", "dantesco", "kafkiano", "marxista", "sádico", "masoquista" (pobre Barón de Masoc, siempre a la sombra del Marqués de Sade...). En conclusión, un grupo selecto de hombrecillos que pasaron a la historia. Ni que decir tiene que sería un placer unirse a ellos. El tiempo dirá...

viernes, 23 de junio de 2006

Canto noctámbulo

En el reino de la oscuridad, donde dominan las tinieblas, donde la luz es una utopía y la visión una capacidad inútil, un grito estremecedor rasgó el silencio. Fue un grito creciente y continuado, indicio de un dolor que erizaba los cabellos, que se clavaba que en los tuétanos del alma.
La población de diablos, vampiros, antípodas, seres marginales y para muchos sólo existentes en la febril imaginación de las mentes perturbadas, muestra evidente del mal y de todo aquello de lo que los hombres de bien deberían huir, levantó la vista, por un momento, de sus ocupaciones.
Allí, donde reinaban los aspectos más detestables de la existencia, donde la vida era una pesadilla y el tiempo una tortura, allí donde las leyes habían dejado de existir hacía mucho, se había cometido un crimen.
Cuando el grito cesó, la atmósfera quedó cargada de una extraña sensación, desconocida por aquellos lares, un atmósfera que, los que decían reconocerla, calificaban como la más horrible de todas.
El miedo.

martes, 20 de junio de 2006

Los consejos de la oruga

Alicia siguió caminando hasta que llegó a un claro entre los inmensos árboles que flanqueaban el sendero. Allí encontró a la oruga, acomodada sobre una seta, ocupadísima en firmar, uno tras otro, lo que parecían ser informes importantísimos, a juzgar por el tesón y el esfuerzo con que se empeñaba en su trabajo.
- Hola -dijo Alicia.
- No hay tiempo para holas -contestó la oruga. Entonces, con la mano que le quedaba libre, y sin dejar de firmar sin descanso, aspiró profundamente de la pipa que, aunque Alicia hasta entonces no había advertido su presencia, se encontraba a su lado.
- Quiero crecer, ¿sabes? Estoy harta de medir veinte centímetros -dijo Alicia, como siempre inasequible al desaliento y acostumbrada a que los demás no le hicieran el menor caso.
- Crecer para qué, ¿para firmar informes? - le respondió la oruga mientras desprendía por su boca el humo opiáceo de la pipa.
- No, para ser mayor.
- Sigo sin saber para qué. No te hace falta. Mírame a mí, también mido veinte centímetros y no paro de firmar informes. No te preocupes, ya llegará tu momento.
- ¡Pero yo no quiero firmar esos estúpidos informes! -gritó Alicia, ligeramente irritada.
- Pues lo vas a hacer, quieras o no, así que más vale que lo vayas asumiendo.
Alicia se retiró, pensando qué tontas que eran las orugas, y qué inútiles sus ocupaciones. Se juró a sí misma que nunca firmaría informes, ni siquiera cuando sobrepasara los veinte centímetros, y continuó su camino.
Estaba feliz, era el día de su no cumpleaños...

viernes, 16 de junio de 2006

En la nada no hay nada

Me asomo al precipicio y no veo nada. Una infinitud oscura e insondable. No me satisface tal visión, la verdad, esperaba algo asombroso, indescriptible, conmovedor.
La oscuridad ya no me provoca temor, estoy demasiado acostumbrado a vivir en ella.
Me pregunto cómo será vivir en el abismo, caer continuamente, durante una eternidad, sin ver, sin oír, con la continua sensación frustrada de que el final debe de acercarse tarde o temprano.
Caer indefinidamente debe provocar sensaciones muy parecidas a la muerte.
Doy un paso atrás. Otro. Luego tres pasos al frente, veloces, impulsados por la desesperación.
Una vez que me he lanzado al vacío, ya no hay solución.

lunes, 12 de junio de 2006

Investigaciones privadas

Cuando los funcionarios de la prisión abrieron la pesada puerta de metal y miraron en el interior de la celda, descubrieron que el preso ya no se encontraba allí. Se había dejado, sin embargo, su propio cadáver, en decúbito supino y con las manos cruzadas sobre el pecho.
Ante tales indicios, el jefe de personal de vigilancia de la prisión ni siquiera puso al prisionero en busca y captura. Nadie va a ningún lado sin su cuerpo. Un miembro de los servicios médicos certificó la muerte y, sin determinar si fue de forma natural o voluntaria, especificó su causa: el sujeto en cuestión había dejado de respirar y, por consiguiente, su cerebro y su corazón habían cesado en su funcionamiento.
Uno de los miembros del equipo de asistencia espiritual, en otro tiempos llamado sacerdote, al no encontrar espíritu al que asistir se limitó a oficiar con escasa pompa y máxima discreción las debidas honras fúnebres.
El alcaide, sin embargo, no lo veía tan claro. Tendría que preguntarle a alguno de los asistentes espirituales dónde se encontraba ahora el preso, pues era tan posible que hubiera encontrado, por fin, la ansiada libertad, como que se encontrara, y ahora de forma defintiva, más preso que nunca, en una suerte de insoportable cadena perpetua. Llegó a la conclusión de que estaba obligado a continuar, de la forma más discreta posible, las pertinentes pesquisas.

viernes, 9 de junio de 2006

La abstracción de la abstracción de una abstracción

He oído que la inteligencia de cada ser humano es directamente proporcional a su capacidad para emocionarse con algo abstracto.
La música es abstracta, el arte es abstracto, lo es la muerte y lo es el universo, sobre todo porque mediante la abstracción nos vemos obligados a intuir lo inaprehensible. Puede parecer paradójico, pero tal cantidad de materia sólo puede imaginarse yendo más allá de su existencia, convirtiéndola en una idea.
La vida es abstracta, porque tras el juego de físicas y químicas subyace una mente todavía indiscernible. Existimos en un mundo material, pero vivimos en abstracto desde el momento en que queremos reflexionar sobre ello.
Y todavía, sin embargo, hay gente que no se emociona por nada...

martes, 6 de junio de 2006

Fastos nefastos

Cuando concluyó la época de perturbaciones y disturbios, cuando por fin todo volvió a la normalidad, unos y otros pensaron que, en buena lógica, era el momento ideal para celebrarlo, para organizar una fiesta tan grande como los desastres que se habían ocasionado y los disgustos que todos habían soportado en épocas anteriores.
Hubo quien incluso se atrevió a pensar en la organización de los fastos, pero fue incapaz de llegar más allá. El cansancio se apoderó de todos los que durante tanto tiempo habían luchado y tanto se habían esforzado por conseguir sus objetivos, de modo que, poco a poco y sin ningún tipo de acuerdo explícito, cada uno según le dictaba su razón, fueron retirándose a dormir.
Durmieron todos, en paz y sosiego, durante el tiempo necesario para que se parara la organización de las fiestas, las nubes en el cielo, el movimiento de rotación de la tierra y, en definitiva, la dimensión tiempo.
Y sin tiempo, como era de suponer, todos quedaron atrapados placentera y relajadamente en un sueño eterno de un solo instante de duración.

viernes, 2 de junio de 2006

Una sangría, por favor

Llegan los calores estivales, y comienza a apetecer una buena sangría, por supuesto.
Así que he comenzado a prepararme. ¿Utilizo un cuchillo, tal vez un punzón? No, definitivamente no, las armas blancas son decididamente vulgares, bueno, salvo la espada, pero no voy a utilizar una espada para una sangría... ¿Una jeringuilla esterilizada? Tampoco. Tanta pulcritud convertiría el acto en algo demasiado impersonal y poco significativo.
Ya está. Unas sanguijuelas. Ideal. No puedo evitarlo, soy un clásico. Me las aplicaré por todo el cuerpo y dejaré que me succionen la sangre hasta que queden bien satisfechas. Será un acto de suprema simbiosis, me lo agradecerán tanto como yo a ellas.
Son unos bichitos tan majos...
Unas buenas sangrías, y seré el rey del verano. Sin esos litros de más del engorroso líquido sanguíneo mi piel quedará pálida, melancólica, lánguida como la de una dama renacentista. Y justo cuando los inentendidos se tuestan al sol como sórdidos chicharrones, cuando el moreno es el triunfo, yo saldré a pasear mi aspecto cadavérico y mi aura de espíritu vagante por los oscuros rincones de la noche...