- Por favor, rompe mis ataduras, quiero saborear la libertad - le decía el títere a su titiritero.
- ¿Qué sabes tú lo que es la libertad? - contestaba éste.
- Lo sé porque la he visto y la he oído, me lo han contado las nubes y los pájaros, el sol la disfrutaba, el viento la llevaba de un sitio a otro. Y todos sonreían orgullosos de ser libres.
- Pero entonces dejaremos de estar unidos, y tendrás una nueva vida, y no podrás volver a la tranquilidad de tus hilos, ésos que sólo yo muevo.
- No me importa. Quiero ser libre.
Y tanto insistió el títere que el titiritero fue cortando uno a uno los hilos que lo unían a la tablilla de madera. Uno a uno se fueron liberando sus manos y sus piernas, que caían por su propio peso. Cuando el titiritero desató la cabeza, el títere cayó al suelo, como un plomo. Sus miembros rígidos y pesados eran incapaces de moverse por sí mismos.
A su alrededor, el resto de los títeres danzaban, sus hilos reluciendo por la luz de los focos. Algunos de ellos pisaban al títere que, postrado, les perdonaba porque, en última instancia, no eran culpables de sus actos.
martes, 28 de diciembre de 2004
sábado, 25 de diciembre de 2004
Cría cuervos
Se aprende mucho observando a la gente. Se aprende, por ejemplo, que existe una cantidad fija de alegría, una alegría bruta que todos se reparten como buenamente pueden. Cuanta más alegría atesoran unos, más escasea en otros lugares.
Por esa razón existen los envidiosos, porque la alegría ajena supone una disminución en los fondos comunes. Por esa razón, también, los desgraciados, los pesimistas y los melancólicos son, al mismo tiempo, las personas más altruistas y generosas del mundo.
Pero el planeta se superpuebla. El divisor crece y los dividendos se mantienen. El cociente, pues, disminuye.
Llegará un punto en el que habrá tantos para repartir que la alegría se convertirá en un bien más preciado que el oro. Y sólo unos pocos podrán acumular tanta como para sonreír con persistencia.
Y la humanidad se convertirá en un conjunto enorme de seres tristes, cabizbajos, y la bilis negra será el pan nuestro de cada día.
Por esa razón existen los envidiosos, porque la alegría ajena supone una disminución en los fondos comunes. Por esa razón, también, los desgraciados, los pesimistas y los melancólicos son, al mismo tiempo, las personas más altruistas y generosas del mundo.
Pero el planeta se superpuebla. El divisor crece y los dividendos se mantienen. El cociente, pues, disminuye.
Llegará un punto en el que habrá tantos para repartir que la alegría se convertirá en un bien más preciado que el oro. Y sólo unos pocos podrán acumular tanta como para sonreír con persistencia.
Y la humanidad se convertirá en un conjunto enorme de seres tristes, cabizbajos, y la bilis negra será el pan nuestro de cada día.
miércoles, 22 de diciembre de 2004
Creador de ideas
Al principio fue una cefalea, un tambor cerebral que zumbaba, y crecía, y seguía hasta que la frágil estructura ósea craneal comenzó a quebrarse.
Se rompió como el ave que rompe el cascarón, como bajo el efecto de un cascanueces. Entonces surgió la idea, primero mirando a un lado y otro con timidez, más tarde moviéndose torpemente con la inexperiencia del recién nacido.
Cuando el creador cayó al suelo descerebrado y descraneado, la idea se desplomó con él y se quedó inmóvil sobre el suelo.
Fue en ese momento cuando apareció la cigüena, la recogió, la envolvió con ternura en unos trapos y la dejó dulcemente en el portal de alguien que la cuidaría, la educaría como si fuera suya, se convertiría en su protector, y todos le aplaudirían por ello.
Porque existen dos clases de personas, los que dan a luz nuevas ideas, y los que las adoptan como suyas.
Los primeros mendigan en el anonimato; los segundos no pueden acaparar tantos vítores.
Se rompió como el ave que rompe el cascarón, como bajo el efecto de un cascanueces. Entonces surgió la idea, primero mirando a un lado y otro con timidez, más tarde moviéndose torpemente con la inexperiencia del recién nacido.
Cuando el creador cayó al suelo descerebrado y descraneado, la idea se desplomó con él y se quedó inmóvil sobre el suelo.
Fue en ese momento cuando apareció la cigüena, la recogió, la envolvió con ternura en unos trapos y la dejó dulcemente en el portal de alguien que la cuidaría, la educaría como si fuera suya, se convertiría en su protector, y todos le aplaudirían por ello.
Porque existen dos clases de personas, los que dan a luz nuevas ideas, y los que las adoptan como suyas.
Los primeros mendigan en el anonimato; los segundos no pueden acaparar tantos vítores.
domingo, 19 de diciembre de 2004
Fe de erratas
"Rectifico lo dicho anteriormente. Nunca, repito, nunca, he cometido ningún error".
Así habló el político ante todos los que le escuchaban.
Y así comenzó su declive. Porque la perfección puede ser un anhelo personal o un calificativo atribuido por el resto, pero nunca una autocalificación. La perfección autoimpuesta es soberbia.
Tratemos de ser perfectos, probablemente no lo conseguiremos. Aunque (y que esto quede en secreto), si lo conseguimos, si por casualidad algún día percibimos nuestra propia perfección, mejor será no decírselo a nadie.
Así habló el político ante todos los que le escuchaban.
Y así comenzó su declive. Porque la perfección puede ser un anhelo personal o un calificativo atribuido por el resto, pero nunca una autocalificación. La perfección autoimpuesta es soberbia.
Tratemos de ser perfectos, probablemente no lo conseguiremos. Aunque (y que esto quede en secreto), si lo conseguimos, si por casualidad algún día percibimos nuestra propia perfección, mejor será no decírselo a nadie.
jueves, 16 de diciembre de 2004
Zutano
Zutano se vio de repente poseído por la fiebre del afán de protagonismo.
Descubrió que se había cansado, que no iba a aguantar ni un minuto más a la sombra de esos engreídos de Fulano y Mengano. ¿Quiénes se habían creído que eran?
Nunca más volverían a mirarlo por encima del hombro, con la soberbia propia de aquellos que se saben superiores. Nunca más.
Llegaría a ser conocido, famoso como Fulano. Era desconsolador comprobar que nadie lo conocía. Incluso los niños, tan crueles como fauces de león, se metían con él y le llamaban "Butano", como si tuviera algo que ver.
Y el camino más directo a la fama pasaba, lógicamente, por eliminar a quienes se le oponían. Así que Zutano urdió con precisión un plan perfecto para acabar con sus dos compañeros.
Era un plan tan perfecto que terminó por funcionar. Y Fulano y Mengano se desvanecieron como partículas de polvo arrastradas por el viento.
Y Zutano también comenzó a desaparecer, porque Zutano no es nada sin Fulano y sin Mengano.
Cuando Zutano se quiso dar cuenta, ya era demasiado tarde. Triste vida, la suya.
Descubrió que se había cansado, que no iba a aguantar ni un minuto más a la sombra de esos engreídos de Fulano y Mengano. ¿Quiénes se habían creído que eran?
Nunca más volverían a mirarlo por encima del hombro, con la soberbia propia de aquellos que se saben superiores. Nunca más.
Llegaría a ser conocido, famoso como Fulano. Era desconsolador comprobar que nadie lo conocía. Incluso los niños, tan crueles como fauces de león, se metían con él y le llamaban "Butano", como si tuviera algo que ver.
Y el camino más directo a la fama pasaba, lógicamente, por eliminar a quienes se le oponían. Así que Zutano urdió con precisión un plan perfecto para acabar con sus dos compañeros.
Era un plan tan perfecto que terminó por funcionar. Y Fulano y Mengano se desvanecieron como partículas de polvo arrastradas por el viento.
Y Zutano también comenzó a desaparecer, porque Zutano no es nada sin Fulano y sin Mengano.
Cuando Zutano se quiso dar cuenta, ya era demasiado tarde. Triste vida, la suya.
martes, 14 de diciembre de 2004
Què deia l'ampolla, nen?
¿Decepción? ¿Información? En cualquier caso, por qué negarlo, era un documento inesperado.
¿Recuerdan la botella que surgió del grifo del lavabo? ¿Recuerdan el mensaje que contenía?
No buscaban amigos, no pedían ayuda, sólo predecían el futuro.
En una pequeña hoja de un cuaderno de notas, como escrita al azar, se encontraba la profecía definitiva. En una cuarteta nostradámica, con una evidente claridad semántica, alguien anunciaba la invasión de las ratas. Saldrían de sus escondrijos, valientes, decididas, a ocupar el lugar que les corresponde.
Inútil resistirse. Inútil dejar de creerlo, una profecía es una profecía.
Por tanto, me he atrincherado tras dos de los sofás de mi salón. Y allí espero paciente la inevitable invasión. En una mano, una fregona para golpearlas y resistir tanto como sea posible; en la otra, un bote de matarratas para tomármelo cuando el acoso haya llegado ya a su punto culminante.
¿Recuerdan la botella que surgió del grifo del lavabo? ¿Recuerdan el mensaje que contenía?
No buscaban amigos, no pedían ayuda, sólo predecían el futuro.
En una pequeña hoja de un cuaderno de notas, como escrita al azar, se encontraba la profecía definitiva. En una cuarteta nostradámica, con una evidente claridad semántica, alguien anunciaba la invasión de las ratas. Saldrían de sus escondrijos, valientes, decididas, a ocupar el lugar que les corresponde.
Inútil resistirse. Inútil dejar de creerlo, una profecía es una profecía.
Por tanto, me he atrincherado tras dos de los sofás de mi salón. Y allí espero paciente la inevitable invasión. En una mano, una fregona para golpearlas y resistir tanto como sea posible; en la otra, un bote de matarratas para tomármelo cuando el acoso haya llegado ya a su punto culminante.
domingo, 12 de diciembre de 2004
Desierto interior
Las islas desiertas no desaparecieron con la Sociedad Geográfica de Londres, ni tampoco dejaron de existir tras el siglo XVIII y los grandes exploradores.
Las islas desiertas siguen existiendo, ajenas al ritmo de vida de su entorno, tan ocultas y a veces tan indistinguibles que ni el Capitán Cook, ni el mismo Doctor Livingstone las encontrarían aunque las buscaran durante años.
Hay islas desiertas tan pequeñas que no ven el sol, tapadas continuamente por la sombra de otras islas mayores que la rodean.
Hay quien naufraga en alguna de estas islas, quien hace lo posible por salir de ellas, quien termina por enloquecer sin saber por qué.
Estas islas pueden estar muy cerca, bajo tus mismos pies, en el bloque de al lado, en el interior de una persona insignificante que se cruza contigo en la calle.
Y sus náufragos piden ayuda.
Uno de ellos, estoy convencido, fue quien me mandó ese mensaje en una botella, esa botella que salió como por arte de magia en cuanto abrí esta mañana el grifo del lavabo.
Las islas desiertas siguen existiendo, ajenas al ritmo de vida de su entorno, tan ocultas y a veces tan indistinguibles que ni el Capitán Cook, ni el mismo Doctor Livingstone las encontrarían aunque las buscaran durante años.
Hay islas desiertas tan pequeñas que no ven el sol, tapadas continuamente por la sombra de otras islas mayores que la rodean.
Hay quien naufraga en alguna de estas islas, quien hace lo posible por salir de ellas, quien termina por enloquecer sin saber por qué.
Estas islas pueden estar muy cerca, bajo tus mismos pies, en el bloque de al lado, en el interior de una persona insignificante que se cruza contigo en la calle.
Y sus náufragos piden ayuda.
Uno de ellos, estoy convencido, fue quien me mandó ese mensaje en una botella, esa botella que salió como por arte de magia en cuanto abrí esta mañana el grifo del lavabo.
jueves, 9 de diciembre de 2004
La inquietante y sensual individualidad dual
Esquizofrenia epistolar, podríamos llamarla.
Escribes una carta, divertida, atractiva, y la mandas por correo a tu propia dirección. Cuando la carta te llegue, la lees entre sorprendido y expectante, y descubres que tienes un nuevo amigo, alguien anónimo que te escribe, te cuenta sus secretos, te escucha, y además tiene cantidad de cosas en común contigo. ¿Qué más puedes pedir? ¡Amigos a la carta!
La amistad se puede ir fortaleciendo. Creas dos direcciones de correo electrónico y os intercambiáis emails, chateas contigo mismo, te mandas mensajes al móvil, incluso llamas a la radio y a la tele para saludarte: "¿Puedo saludar? Saludo a mi nuevo gran amigo xxx...". Y xxx se convierte inmediatamente en la persona más feliz del mundo.
Con el tiempo, llega la hora de intimar. Quedas en una cafetería, nervios, dudas, pero finalmente ahí llegas, al mismo tiempo que tú. La conversación es plácida y agradable y quedas para repetir. Sales a pasear, a tomar unas copas, a ligar, a pasarlo bien. Todo es perfecto.
Hasta que la amistad comienza a enfriarse. Ya nada es igual. Necesitas estar solo, no te apetece ver a nadie. Sin embargo, cuando hablas, le escuchas a él, cuando te miras al espejo, allí está él, quien no deja de enviarte cartas y mensajes al móvil.
Tratas de gritar, pero es su voz la que oyes.
Te arrepientes de todo.
Escribes una carta, divertida, atractiva, y la mandas por correo a tu propia dirección. Cuando la carta te llegue, la lees entre sorprendido y expectante, y descubres que tienes un nuevo amigo, alguien anónimo que te escribe, te cuenta sus secretos, te escucha, y además tiene cantidad de cosas en común contigo. ¿Qué más puedes pedir? ¡Amigos a la carta!
La amistad se puede ir fortaleciendo. Creas dos direcciones de correo electrónico y os intercambiáis emails, chateas contigo mismo, te mandas mensajes al móvil, incluso llamas a la radio y a la tele para saludarte: "¿Puedo saludar? Saludo a mi nuevo gran amigo xxx...". Y xxx se convierte inmediatamente en la persona más feliz del mundo.
Con el tiempo, llega la hora de intimar. Quedas en una cafetería, nervios, dudas, pero finalmente ahí llegas, al mismo tiempo que tú. La conversación es plácida y agradable y quedas para repetir. Sales a pasear, a tomar unas copas, a ligar, a pasarlo bien. Todo es perfecto.
Hasta que la amistad comienza a enfriarse. Ya nada es igual. Necesitas estar solo, no te apetece ver a nadie. Sin embargo, cuando hablas, le escuchas a él, cuando te miras al espejo, allí está él, quien no deja de enviarte cartas y mensajes al móvil.
Tratas de gritar, pero es su voz la que oyes.
Te arrepientes de todo.
lunes, 6 de diciembre de 2004
Sobre la publicidad y otros demonios
Un millón de imágenes por segundo en bombardeo incesante. Luces, colores, músicas pegadizas y cuerpos de ensueño. Todos los sentidos alerta en nombre del comercio.
¿Qué quieres? ¿Qué necesitas? ¿Qué te hacemos comprar? En publicidad todas las preguntas tienen la misma respuesta. ¿Te gusta conducir? Es la homogeneización del deseo, de las necesidades y de la oferta. Compras lo que necesitas, pero lo que necesitas es, casualmente, lo que se vende. Control implícito de las voluntades, esclavitud implícita. ¿Por qué pagar más por el seguro de tu automóvil?
Publicidad implícita, publicidad explícita, publicidad estática, publicidad relámpago, publicidad oculta, publicidad inconsciente.
Publicidad en todos los medios de comunicación, publicidad en las carreteras, publicidad en el cielo, en la tierra, en el trabajo, en sueños. La vida es móvil. Publicidad en la Luna; la basura espacial está compuesta básicamente de latas de Coca-Cola, envoltorios de Mars (el dios de la guerra) y bolsas de Matutano.
I'm loving it.
El cerco dura ya más de nueve años. Ni en Troya, ni en Numancia resistieron tanto. Connecting people. ¿Quién puede resistir? ¿Tienes otra opción? ¿No? Pues busca, compara, y si encuentras algo mejor, cómpralo.
¿Que no te gusta el mundo en el que vives? Repito, busca otro y cómpralo. ¡Venga! ¡Hazlo! Ya me lo dijo un pelocho: Just do it.
¿Qué quieres? ¿Qué necesitas? ¿Qué te hacemos comprar? En publicidad todas las preguntas tienen la misma respuesta. ¿Te gusta conducir? Es la homogeneización del deseo, de las necesidades y de la oferta. Compras lo que necesitas, pero lo que necesitas es, casualmente, lo que se vende. Control implícito de las voluntades, esclavitud implícita. ¿Por qué pagar más por el seguro de tu automóvil?
Publicidad implícita, publicidad explícita, publicidad estática, publicidad relámpago, publicidad oculta, publicidad inconsciente.
Publicidad en todos los medios de comunicación, publicidad en las carreteras, publicidad en el cielo, en la tierra, en el trabajo, en sueños. La vida es móvil. Publicidad en la Luna; la basura espacial está compuesta básicamente de latas de Coca-Cola, envoltorios de Mars (el dios de la guerra) y bolsas de Matutano.
I'm loving it.
El cerco dura ya más de nueve años. Ni en Troya, ni en Numancia resistieron tanto. Connecting people. ¿Quién puede resistir? ¿Tienes otra opción? ¿No? Pues busca, compara, y si encuentras algo mejor, cómpralo.
¿Que no te gusta el mundo en el que vives? Repito, busca otro y cómpralo. ¡Venga! ¡Hazlo! Ya me lo dijo un pelocho: Just do it.
sábado, 4 de diciembre de 2004
Acceso de canibalismo
¿Qué está bien y qué está mal?
Desde un punto de vista moral y adscribiéndonos al relativismo cultural dominante en la actualidad como corriente de pensamiento, hay que situar la idea de "bien" y la de "mal" como referentes subjetivos y difícilmente calificables desde el punto de vista de sus valores de verdad (qué pensaría Platón, después de gastar tantas energías en definir ambos términos).
Todo está bien y todo está mal, sólo depende de la escala de valores que se pretenda aplicar. Cada modelo social aplicará a la realidad unos valores determinados, dependiendo de su visión del mundo y su bagaje cultural.
Pero hay que poner unos límites. No todo puede valer. La "Declaración de los Derechos Humanos" es un buen ejemplo de un documento de carácter general e idealista que trata de poner límites generales a las actuaciones humanas, pese a su evidente carga ideológica y su origen occidental.
El derecho a la vida. Sólo por un concepto como ése se consideran inmorales acciones como el canibalismo, pese a que las tribus que lo practican defiendan su carácter de manifestación cultural y aduzcan su valor como práctica positiva social y nutricionalmente.
Por eso el canibalismo sólo se permite en las sociedades avanzadas, donde devorar al prójimo para franquear el éxito y el ascenso se ha convertido en el pan nuestro de cada día.
Desde un punto de vista moral y adscribiéndonos al relativismo cultural dominante en la actualidad como corriente de pensamiento, hay que situar la idea de "bien" y la de "mal" como referentes subjetivos y difícilmente calificables desde el punto de vista de sus valores de verdad (qué pensaría Platón, después de gastar tantas energías en definir ambos términos).
Todo está bien y todo está mal, sólo depende de la escala de valores que se pretenda aplicar. Cada modelo social aplicará a la realidad unos valores determinados, dependiendo de su visión del mundo y su bagaje cultural.
Pero hay que poner unos límites. No todo puede valer. La "Declaración de los Derechos Humanos" es un buen ejemplo de un documento de carácter general e idealista que trata de poner límites generales a las actuaciones humanas, pese a su evidente carga ideológica y su origen occidental.
El derecho a la vida. Sólo por un concepto como ése se consideran inmorales acciones como el canibalismo, pese a que las tribus que lo practican defiendan su carácter de manifestación cultural y aduzcan su valor como práctica positiva social y nutricionalmente.
Por eso el canibalismo sólo se permite en las sociedades avanzadas, donde devorar al prójimo para franquear el éxito y el ascenso se ha convertido en el pan nuestro de cada día.
miércoles, 1 de diciembre de 2004
El concepto es el concepto
No concibo reflexionar sobre las concepciones. Los hechos se conciben o no se conciben.
¿No concibes actuar sin contar antes hasta diez? Yo no concibo contar hasta diez sin seguir con el once.
No concibo hacer la O sin un canuto, ni mezclar las churras con las merinas, ni observar las Meninas sin recordar a las churras.
No concibo que no se te mueva el flequillo cuando te encuentras en el ojo de un huracán, ni que el amo del calabozo nos diera a todos poderes sin decirnos como usarlos.
No concibo una maceta que no me reviente el estómago.
No concibo concebir, no concibo las concepciones.
Me he convertido en el hombre anticonceptivo.
And I like it (no concibo a Mick Jagger marcándose una jota).
¿No concibes actuar sin contar antes hasta diez? Yo no concibo contar hasta diez sin seguir con el once.
No concibo hacer la O sin un canuto, ni mezclar las churras con las merinas, ni observar las Meninas sin recordar a las churras.
No concibo que no se te mueva el flequillo cuando te encuentras en el ojo de un huracán, ni que el amo del calabozo nos diera a todos poderes sin decirnos como usarlos.
No concibo una maceta que no me reviente el estómago.
No concibo concebir, no concibo las concepciones.
Me he convertido en el hombre anticonceptivo.
And I like it (no concibo a Mick Jagger marcándose una jota).