El mundo es verde, ¿no?
Ayer, tras una curva, me crucé con un ejército de batracios. Verdes eran sus ancas, verdes sus potentes armaduras y sus lanzas. Sus ojos saltones se dirigían a mí con el gesto retador de quien se dirige al combate.
Bajaban por la ladera, camino de la charca donde les esperaba el ejército enemigo. Conmovedor.
Entretanto, el cielo cambió de color, el anochecer parecía una hoja de roble, hoja perenne, hasta que amaneció.
O tal vez sea daltonismo. Hasta los bóvidos me observaban, tranquilos como si la vida no fuera con ellos.
viernes, 30 de julio de 2004
miércoles, 28 de julio de 2004
Abyssus abyssum invocat
Me he asomado a un pozo. Era húmedo, profundo, pero una tenue luz permitía distinguir lo que ocurría en el fondo. Allí se había instalado una compañía de teatro. Actores, técnicos, atrezzo, director. Todos. Representaban una obra.
Les pregunté por qué descendían hasta los abismos para practicar con una simple obra de teatro. Me respondieron que, lógicamente, la acústica era excelente. Además, nadie se iba a interesar por la obra en la superficie, el teatro ya no interesa, el público es cada vez más escaso, y sólo acude para dejarse ver. El público contemporáneo no entiende de teatro.
Asentí, y les dejé. No es la primera vez que me asomo al abismo, pero, eso sí, nunca había encontrado a nadie allá abajo. Creo que mañana voy a volver, a ver si finalizan su representación.
Les pregunté por qué descendían hasta los abismos para practicar con una simple obra de teatro. Me respondieron que, lógicamente, la acústica era excelente. Además, nadie se iba a interesar por la obra en la superficie, el teatro ya no interesa, el público es cada vez más escaso, y sólo acude para dejarse ver. El público contemporáneo no entiende de teatro.
Asentí, y les dejé. No es la primera vez que me asomo al abismo, pero, eso sí, nunca había encontrado a nadie allá abajo. Creo que mañana voy a volver, a ver si finalizan su representación.
martes, 27 de julio de 2004
Preparativos
Hay puertas que vale más no abrir. Hay caminos que vale más no recorrer. Hay personas que vale más no conocer.
Pero eso no quiere decir que todas las puertas han de permanecer cerradas con llave, que todos los caminos han de perecer bajo el peso de la vegetación, que todas las personas han de quedar encerradas en sí mismas.
Quien no busca, no encuentra. Quien no se busca, no se encuentra.
Sólo los elegidos consiguen que las montañas acudan a ellos.
El resto tenemos que acudir a la montaña.
Pero eso no quiere decir que todas las puertas han de permanecer cerradas con llave, que todos los caminos han de perecer bajo el peso de la vegetación, que todas las personas han de quedar encerradas en sí mismas.
Quien no busca, no encuentra. Quien no se busca, no se encuentra.
Sólo los elegidos consiguen que las montañas acudan a ellos.
El resto tenemos que acudir a la montaña.
lunes, 26 de julio de 2004
The Importance of Being Earnest
Es la parte positiva del dandismo o del snobismo. Cuando miras desde arriba no te salpican. Cuando no te mezclas, no pierdes tu esencia. Lástima que, al fin y al cabo, las elites terminen por ser tan frívolas e ignorantes como las masas. Y, si decides escapar y despertar a la vida como vagabundo errante, ya se encargarán unos y otros de unirse contra ti.
"Vivo como un joven sibarita y viajo como un joven dios", dijo Oscar Wilde, antes de ser vejado y despreciado por sus semejantes y antes, por supuesto, de comenzar a cuidar el jardín del padre Lachaise. Y estaba en lo cierto. Ashes to ashes, dust to dust.
No existe el camino correcto, existe el camino propio. Es ése el que hay que buscar.
Debe estar por aquí...
"Vivo como un joven sibarita y viajo como un joven dios", dijo Oscar Wilde, antes de ser vejado y despreciado por sus semejantes y antes, por supuesto, de comenzar a cuidar el jardín del padre Lachaise. Y estaba en lo cierto. Ashes to ashes, dust to dust.
No existe el camino correcto, existe el camino propio. Es ése el que hay que buscar.
Debe estar por aquí...
jueves, 22 de julio de 2004
Asfixia
No puedo respirar debajo del agua.
No podría respirar en la Fosa de las Marianas, ni tampoco en la cima del K-2.
No sobreviviría en el espacio exterior, pues tampoco el vacío está hecho para mí.
No encuentro mis branquias (¿dónde están, maldita sea?), y mi traquea es una construcción tan milimétricamente perfecta que sólo sirve bajo ciertas condiciones, que sólo puede ser utilizada en una superficie reducida de varios cientos de miles de kilómetros cuadrados.
Me ahogo. He realizado en mi vida tantos movimientos consecutivos de inspiración y espiración que han perdido todo su interés. Son aburridos y rutinarios.
La culpa la tienen los grillos, y los mosquitos, lobos con piel de cordero. No me dejan dormir sobre la superficie.
No podría respirar en la Fosa de las Marianas, ni tampoco en la cima del K-2.
No sobreviviría en el espacio exterior, pues tampoco el vacío está hecho para mí.
No encuentro mis branquias (¿dónde están, maldita sea?), y mi traquea es una construcción tan milimétricamente perfecta que sólo sirve bajo ciertas condiciones, que sólo puede ser utilizada en una superficie reducida de varios cientos de miles de kilómetros cuadrados.
Me ahogo. He realizado en mi vida tantos movimientos consecutivos de inspiración y espiración que han perdido todo su interés. Son aburridos y rutinarios.
La culpa la tienen los grillos, y los mosquitos, lobos con piel de cordero. No me dejan dormir sobre la superficie.
lunes, 19 de julio de 2004
Antonio Udina Burbur
Partamos de una hipótesis cinematográfica. Un meteorito se estrella contra la superficie de Groenlandia. Los esquimales han de ser los primeros en huir.
Tras el desastre (tarde o temprano tenía que pasar), sólo un esquimal sobrevive. Debido más al azar que a la capacidad (su iglú le sirvió de protección, se ocultó en una cueva, su trineo le ayudó a escapar, quién sabe) se encuentra solo. El factor suerte es, a veces, más fuerte que el determinismo (¿hubieran evolucionado los frágiles marsupiales en un ecosistema algo más competitivo que el "paraíso" oceánico?).
Le quedan dos opciones: racionalización o animalización. Dadas las escasas posibilidades de encontrar otro miembro de su especie con quien relacionarse, se siente efímero, condenado, y opta por la segunda, la animalización.
Lenguaje y pensamiento, las funciones vitales superiores. El lenguaje desaparece al no ser usado (27 formas de llamar a la nieve y una increíble gama léxica de blancos se esfuman para siempre). El pensamiento tampoco es necesario, para convivir con los perros tiradores de trineos no hay más que actuar como ellos, ser su jefe, moverse por instinto.
Si no hay sociedad, no hay ser humano. Solos estamos condenados, acompañados, también.
Fundido en negro. Aparecen los créditos.
Tras el desastre (tarde o temprano tenía que pasar), sólo un esquimal sobrevive. Debido más al azar que a la capacidad (su iglú le sirvió de protección, se ocultó en una cueva, su trineo le ayudó a escapar, quién sabe) se encuentra solo. El factor suerte es, a veces, más fuerte que el determinismo (¿hubieran evolucionado los frágiles marsupiales en un ecosistema algo más competitivo que el "paraíso" oceánico?).
Le quedan dos opciones: racionalización o animalización. Dadas las escasas posibilidades de encontrar otro miembro de su especie con quien relacionarse, se siente efímero, condenado, y opta por la segunda, la animalización.
Lenguaje y pensamiento, las funciones vitales superiores. El lenguaje desaparece al no ser usado (27 formas de llamar a la nieve y una increíble gama léxica de blancos se esfuman para siempre). El pensamiento tampoco es necesario, para convivir con los perros tiradores de trineos no hay más que actuar como ellos, ser su jefe, moverse por instinto.
Si no hay sociedad, no hay ser humano. Solos estamos condenados, acompañados, también.
Fundido en negro. Aparecen los créditos.
domingo, 18 de julio de 2004
Babel
Cuando el hombre intentó reunir esfuerzos para llegar más arriba, comenzó a divergir. Cuando faltaban un par de peldaños para llegar a la cima, alguien se dio cuenta de que no se entendía con la persona que tenía junto a él.
Alguien había decidido que mil lenguajes poblaran el mundo, que mil mundos se estructuraran delante de cada hombre.
Sólo vemos lo que queremos ver, sólo entendemos lo que queremos entender, sólo queremos lo que podemos querer. El resto da miedo.
¿Hay alguien que no se haya quedado ciego de sed?
Alguien había decidido que mil lenguajes poblaran el mundo, que mil mundos se estructuraran delante de cada hombre.
Sólo vemos lo que queremos ver, sólo entendemos lo que queremos entender, sólo queremos lo que podemos querer. El resto da miedo.
¿Hay alguien que no se haya quedado ciego de sed?
Al alimón
¿Por qué todavía no nos hemos puesto a pensar al alimón?
Una avalancha de impulsos nerviosos dirigidos contra el mismo centro resolvería el problema de la existencia. De Aristóteles a Ptolomeo, de Brahe a Kepler, de Copérnico a Galileo. Pero las energías son disparadas sin sentido, como un niño con una pistola de agua, como un arquero ciego.
El individualismo de los librepensadores actúa como los frenos sobre las ruedas de la locomotora. Se para ella, se paran sus vagones.
El problema es que, después de todo, no hay otra solución mejor. Las vías son demasiado estrechas, e inseguras.
Una avalancha de impulsos nerviosos dirigidos contra el mismo centro resolvería el problema de la existencia. De Aristóteles a Ptolomeo, de Brahe a Kepler, de Copérnico a Galileo. Pero las energías son disparadas sin sentido, como un niño con una pistola de agua, como un arquero ciego.
El individualismo de los librepensadores actúa como los frenos sobre las ruedas de la locomotora. Se para ella, se paran sus vagones.
El problema es que, después de todo, no hay otra solución mejor. Las vías son demasiado estrechas, e inseguras.
La última destrucción de los vasos
Tal vez ha llegado el momento de destruir el continente. Entonces el contenido se desparramará por todas partes, se introducirá en todas las rendijas y su expansión será imparable.
Pero incluso la destrucción requiere cierta delicadeza, para hacer las cosas bien, para que los pequeños cortes en nuestras almas no hagan fluir más sangre de la debida. La destrucción también es un proceso frágil, sutil, como cortar un hilo de seda.
Y la autodestrucción, más aún.
Pero incluso la destrucción requiere cierta delicadeza, para hacer las cosas bien, para que los pequeños cortes en nuestras almas no hagan fluir más sangre de la debida. La destrucción también es un proceso frágil, sutil, como cortar un hilo de seda.
Y la autodestrucción, más aún.
martes, 13 de julio de 2004
Afortunadamente...¡hey!
Sólo una piedra. Una piedra será suficiente.
Me subiré a ella y observaré a todos desde arriba. Sus cabezas, sus cuerpecillos, desde arriba. Entonces ya podré decir lo que quiero decir, y seré escuchado.
Y, desde arriba, mis palabras sonarán a verdades poderosas, a soluciones definitivas.
Luego volveré a mi lugar. Mis palabras, sin embargo, seguirán sonando en el tiempo, y todos las interpretarán. Más aún, interpretarán mis silencios, por la sencilla razón de que, a veces, las palabras pensadas son más importantes que las dichas. Y el silencio es el lugar más adecuado para pensar.
¡Ay, si supiéramos transcribir el silencio!
Me subiré a ella y observaré a todos desde arriba. Sus cabezas, sus cuerpecillos, desde arriba. Entonces ya podré decir lo que quiero decir, y seré escuchado.
Y, desde arriba, mis palabras sonarán a verdades poderosas, a soluciones definitivas.
Luego volveré a mi lugar. Mis palabras, sin embargo, seguirán sonando en el tiempo, y todos las interpretarán. Más aún, interpretarán mis silencios, por la sencilla razón de que, a veces, las palabras pensadas son más importantes que las dichas. Y el silencio es el lugar más adecuado para pensar.
¡Ay, si supiéramos transcribir el silencio!
viernes, 9 de julio de 2004
El Caos es un orden por descifrar...
Y yo me sumerjo en él con deleite, busco por aquí, por allá, en los rincones más recónditos, en las cavidades más ocultas.
El Caos es mi propia creación, mi bebé. Mi forma de protestar contra el rígido orden de las leyes y las regularidades. El Caos es una forma de libertad.
También cuando te supera. Entonces, el Caos es un torbellino que arrasa con todo a su alrededor, destrucción constructiva, sólo tras la nada se puede crear a partir de cero.
El Caos, el refugio de los genios, belleza sin igual.
Si pudiera comprenderlo, ya no sería el Caos. Paradojas...
El Caos es mi propia creación, mi bebé. Mi forma de protestar contra el rígido orden de las leyes y las regularidades. El Caos es una forma de libertad.
También cuando te supera. Entonces, el Caos es un torbellino que arrasa con todo a su alrededor, destrucción constructiva, sólo tras la nada se puede crear a partir de cero.
El Caos, el refugio de los genios, belleza sin igual.
Si pudiera comprenderlo, ya no sería el Caos. Paradojas...
jueves, 8 de julio de 2004
Solución salina
Ni salina ni nada. Los problemas irresolubles existen definitivamente, y el efecto Eureka es coto privado de unos cuantos privilegiados.
Por esa razón no voy a actuar. Dejaré que el tiempo disuelva el cloruro sódico mientras tomo mate (hay quien dice que ésta es una costumbre antihigiénica, a mí más bien me parece catártica).
Igual me disuelvo yo también. Podría ser divertido, ¿no? Iniciaría la cuenta atrás, pero no sé por dónde empezar...
Por esa razón no voy a actuar. Dejaré que el tiempo disuelva el cloruro sódico mientras tomo mate (hay quien dice que ésta es una costumbre antihigiénica, a mí más bien me parece catártica).
Igual me disuelvo yo también. Podría ser divertido, ¿no? Iniciaría la cuenta atrás, pero no sé por dónde empezar...
lunes, 5 de julio de 2004
Monogénesis literaria
Llegará el día en que alguien, con ojos vidriosos, me suplique: ¡Por favor, dibújame un cordero!
Y yo me armaré de un lápiz y comenzaré a dibujar. No un cordero, sino el símbolo más hermético que hayan conocido las humanidades. Un diseño tan polisémico que todas las órdenes, hermandades, conjugaciones e interpretaciones se sentirán satisfechas.
Y todo será conocido. Y el aburrimiento volverá a gobernar sobre las mentes de los todopoderosos.
Y yo me armaré de un lápiz y comenzaré a dibujar. No un cordero, sino el símbolo más hermético que hayan conocido las humanidades. Un diseño tan polisémico que todas las órdenes, hermandades, conjugaciones e interpretaciones se sentirán satisfechas.
Y todo será conocido. Y el aburrimiento volverá a gobernar sobre las mentes de los todopoderosos.
jueves, 1 de julio de 2004
De la perfección a la nada
Gira la tierra, giran los planetas, giran las galaxias y las estrellas en su interior. Giran todos los universos.
Imaginen que situamos una esfera en el centro geométrico del cosmos, en el único punto inmóvil que la existencia ha podido concebir. ¿Pueden creer que exista algo más bello? Culminación de forma, materia y movimiento. El summum del control sobre lo real.
Ahora imaginen que no situamos la esfera en este punto, sino que la descubrimos, que siempre estuvo ahí. Alabaríamos la perfección de la creación y estaríamos orgullosos de formar parte de ella.
Un último esfuerzo de la imaginación. La esfera no existe, tampoco tal punto, todo gira por azar, la realidad es sólo el producto de una inercia predecible y computable. Un escalofrío comienza a recorrernos.
O tal vez ni siquiera nos movemos, ni existimos, somos fruto de la mente de alguien, somos un espejismo en el desierto del tiempo, la ecuación que explicaba nuestro entorno era tan falaz como el número cero.
No, mejor no imaginemos eso... mejor no imaginemos nada.
Imaginen que situamos una esfera en el centro geométrico del cosmos, en el único punto inmóvil que la existencia ha podido concebir. ¿Pueden creer que exista algo más bello? Culminación de forma, materia y movimiento. El summum del control sobre lo real.
Ahora imaginen que no situamos la esfera en este punto, sino que la descubrimos, que siempre estuvo ahí. Alabaríamos la perfección de la creación y estaríamos orgullosos de formar parte de ella.
Un último esfuerzo de la imaginación. La esfera no existe, tampoco tal punto, todo gira por azar, la realidad es sólo el producto de una inercia predecible y computable. Un escalofrío comienza a recorrernos.
O tal vez ni siquiera nos movemos, ni existimos, somos fruto de la mente de alguien, somos un espejismo en el desierto del tiempo, la ecuación que explicaba nuestro entorno era tan falaz como el número cero.
No, mejor no imaginemos eso... mejor no imaginemos nada.