En un momento dado le ofrecieron una copa de licor. "Es gratis", le dijeron. Él no preguntó. Si era gratis, ¿por qué no probarlo? Tomó la copa y le dio un buen sorbo, luego otro, y otro...
Cuando despertó, estaba atado de pies y manos y encadenado a un radiador de una habitación oscura y mugrienta. El radiador no funcionaba y hacía un frío de mil demonios.
Entró un tipo. Le habló de su familia como si la conociera de toda la vida. El indudable tono de amenaza le hizo palidecer. Comprendió que estaba secuestrado. Le hicieron unas fotos con el periódico del día y dijo unas palabras ante una grabadora. Agradeció que no le cortaran un dedo, ni la oreja.
El tipo le dijo que le harían llegar la foto a la familia y que, si la familia hacía lo que tenía que hacer, quizá saldría de esta con vida.
"¿Gratis?", preguntó el secuestrado.
El secuestrador, con pinta de pocos amigos y mucha mala uva, dibujó una mueca esperpéntica que al secuestrado le pareció una sonrisa sardónica.
jueves, 29 de enero de 2026